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martes, 2 de septiembre de 2014

"Despúes del Puente" -parte 2-

Acá continua el relato post Princesa Mecánica de Jem y Tessa, recuerden que en la entrada anterior pueden encontrar los créditos de la pagina que lo tradujo y el original lo encuentran en la cuenta de Cassandra Clare pero en ingles. Sin más que decir, continuamos.


"Después del puente"
-Jem&Tessa-


Jem tenía la sensación de que más tarde sus manos arderían (nunca antes había roto un corsé), pero por el momento, no podía sentir nada más que a Tessa. Ella estaba sentada a horcajadas sobre sus caderas, sus ojos muy abiertos, el cabello derramado sobre sus pechos y hombros desnudos. Parecía Venus surgiendo de las olas, con sólo el colgante de jade para cubrirla, brillando contra su piel.

"Creo," dijo ella, su voz salió alta y entrecortada, "que necesito que me beses ahora."

Alzó la mano para atraerla hacia abajo, agarrándose de sus delgados hombros. Él les dio la vuelta para que él estuviera encima de ella, en equilibrio sobre sus codos, teniendo cuidado con su peso. Pero a ella no parecía importarle.

Ella se acomodó debajo de él, curvando su cuerpo para adaptarse al suyo. La suavidad de sus pechos presionados contra su pecho y el hueco de sus caderas era como un cáliz que lo retenía, los pies desnudos de ella recorrían sus pantorrillas.

Él hizo un oscuro, bajo, necesitado sonido en su garganta, un sonido que apenas reconoció que procedía de sí mismo. Un sonido que hizo que las pupilas de Tessa se expandieran, su aliento salió rápidamente. "Jem", dijo ella, "por favor, Jem," y ella volvió la cabeza hacia un lado, apoyando la mejilla sobre la almohada, en su cabello suelto.

Se inclinó sobre ella. Todo eso habían hecho juntos, antes. Todo eso, recordó. Que a ella le gustaba ser besada en línea por la garganta, y que si seguía la forma de la clavícula con su boca ella gritaría y cavaría con las manos en su espalda. Y si hubiera estado aterrado de lo que vendría después —sin saber qué hacer, o cómo complacerla— eso fue arrasado con la rapidez de su capacidad de responder: sus suaves gritos mientras pasaba sus manos por sus piernas y le besó el pecho y estómago.

"Mi Jem," susurró ella mientras la besaba. "James Carstairs. Ke Jian Ming.”

Nadie le había llamado por su nombre de nacimiento en más de medio siglo. Era tan íntimo como un toque.
No estaba del todo seguro de cómo se quitaron el resto de su ropa, sólo que de alguna manera estaban yaciendo sobre los restos destrozados de su vestido de seda y enaguas. Tessa no era flexible y dócil bajo él como hacía tiempo había imaginado, era receptiva y exigente, levantando la cara para ser besada una y otra vez, pasando sus manos sobre él, cada roce de sus dedos encendiendo chispas en las terminaciones nerviosas que había temido durante mucho tiempo que estuvieran muertas.

Fue mucho mejor de lo que había imaginado. Estaba rodeado de ella, su olor a jabón de agua de rosas y su piel suave y su confianza implícita. No era sólo que ella confiaba en él para no lastimarla; era más que eso. Ella confiaba en que su inexperiencia no importaría, que no importaría nada, excepto que eran ellos dos y siempre habían tratado de hacer feliz al otro. Cuando él vaciló y dijo, "Tessa, no sé cómo—" ella susurró contra su boca y puso sus manos donde deberían ir.

Una especie de lección, pero la más suave que había recibido, y la mejor. No había imaginado lo bastante esto, que sus respuestas serían reflejadas, que el placer de ella sería magnificar su propio. Que cuando él deslizara las manos por sus piernas ella las envolvería alrededor de su cintura a su propia voluntad. Que cada pensamiento huiría de su cabeza a excepción de la sensación de ella debajo de él y luego a su alrededor mientras ella lo guió hacia donde tenía que estar.

Se oyó gritar desde la distancia mientras se introducía en ella. "Tessa." Se aferró a sus hombros como si se aferrara a los pedazos de su control. "Tessa, oh Dios, Tessa, mi Tessa." La coherencia lo había abandonado por completo. Él farfulló algo más también, no en inglés, no sabía qué, y él sintió que los brazos de ella se apretaban alrededor de él.

Él respiraba entrecortadamente mientras se movía, luchando por los últimos retazos de control. Tenía los ojos cerrados; resplandeciente luz detrás de sus párpados. Tanta luz. Luchó desesperadamente por controlarse a sí mismo, porque no quería que se terminara, no todavía. Oyó la voz de Tessa, susurrando su nombre; estaban tan cerca, más cerca de lo que nunca había creído posible. Las manos de ella se deslizaron por su cuerpo para agarrar su cintura. Había una línea delgada de concentración entre sus cejas; sus mejillas estaban de color escarlata brillante, y cuando ella trató de decir su nombre otra vez, salió un jadeo irregular. Una de sus manos voló a su boca y ella mordió con fuerza sus dedos mientras su cuerpo se tensó alrededor de él.

El último vestigio de su control se evaporó. Enterró la cara contra su cuello mientras la luz detrás de sus ojos se fracturó en colores caleidoscópicos. Él había llevado la oscuridad de la Ciudad Silenciosa con él incluso cuando había salido de la Hermandad. Y ahora que había abierto su alma y dejó entrar a la luz, fue brillante.

Nunca había imaginado esto. Él ni siquiera se había imaginado imaginándose esto.

Cuando volvió en sí, se encontró con que todavía se aferraba a ella con fuerza, con la cabeza inclinada hacia abajo en su hombro. Ella estaba respirando suave y regularmente, con la mano en su cabello, acariciando, murmurando palabras cariñosas.

Él se apartó de ella de mala gana, rodando para acomodarse de modo que ellos estuvieran yaciendo cara a cara. La mayor parte de la luz del día se había ido; se miraron el uno al otro en un crepúsculo oscuro que suavizó los bordes ásperos. El corazón le latía con fuerza mientras extendía la mano para deslizar el pulgar por el labio inferior de ella.

"¿Estás bien?,” dijo él, con voz ronca. "¿Eso fue—" Se interrumpió, dándose cuenta con horror que el brillo de sus ojos era lágrimas. Uno rodó por su mejilla, sin control.

"¿Tessa?" Podía oír el pánico salvaje en su propia voz. Ella le dio una sonrisa rápida y temblorosa, pero entonces así era Tessa. Ella nunca mostraría decepción. ¿Y si hubiera sido terrible para ella? Él había pensado que fue increíble, perfecto; él pensó que su cuerpo se rompería en pedazos de sentir tanta felicidad a la vez. Y él pensó que ella había respondido, pero ¿qué sabía él? Maldijo su propia inexperiencia, su arrogancia y su orgullo. ¿Qué le había hecho pensar que él podría—

Ella se sentó, inclinándose sobre la mesa de café, con las manos haciendo algo que no podía ver. Su cuerpo desnudo fue esbozado en el crepúsculo, insoportablemente hermoso. Él la miró con el corazón tartamudeando. En cualquier momento ella se levantaría y se pondría de la ropa, le diría que lo amaba, que siempre lo había amado, pero no de esa manera. Que lo suyo no era pasión, sino amistad.

Y él se había dicho a sí mismo que podía soportar eso, antes de que él hubiera llegado al puente para confesarse. Se había dicho a sí mismo que podía tener su amistad y nada más, que era mejor que no estar cerca de ella en lo absoluto.

Pero ahora que él sabía, ahora que habían compartido aliento, cuerpos y almas, ya no podía dar un paso atrás. Ser sólo su amigo, nunca tocarla de nuevo, lo desgarraría en mil pedazos. Sería más agonía que el fuego celestial nunca lo había sido.

Ella se volvió hacia él, sosteniendo algo en sus manos.

"¿Jem?" dijo ella.- Jem, ¡estás a miles de kilómetros de distancia!" Ella se había envuelto a sí misma con una manta gris que estaba en el sofá; se sentó junto a él; las lágrimas se habían ido y ella estaba alegre y sonriendo. "Honestamente, si lo que acabamos de hacer no atrapó tu atención, no sé qué lo haría."

Él la miró fijamente. "Pero estabas llorando" dijo, por fin.

Ella lo miró con curiosidad. "Porque soy feliz. Porque eso fue maravilloso.”

Él expulsó su aliento en una oleada de alivio. "Así que eso —¿estuvo bien? Yo podría mejorar, podríamos practicar—"

Él se dio cuenta de lo que acababa de decir, y cerró la boca.

Una sonrisa maliciosa se extendió por la cara de ella. "Oh, vamos a practicar", dijo ella. "Tan pronto como estés listo."

"No tengo otra cosa que hacer esta noche,” dijo él gravemente.
Ella se sonrojó. "Tu cuerpo puede necesitar tiempo para —para recuperarse."

"No," dijo él, y esta vez se permitió un pequeño matiz de suficiencia. "No, no lo creo."
Ella se sonrojó aún más fuerte. Él amaba hacerla ruborizar; siempre lo había hecho. "Bueno, yo necesito cinco minutos, ¡por lo menos!,” dijo ella. "Y necesito que veas esto. ¿Por favor?"

Le tendió una hoja de papel. Su expresión era sorprendentemente seria; eso borró su presunción, y su deseo de burlarse de ella, también. Sin atreverse a hablar, tomó el papel y lo desdobló.
Ella se aclaró la garganta. "Podría haber estado bromeando, antes," dijo, "cuando te dije que era dueña de este apartamento bajo el nombre de Bedelia Bacalao".
Él se quedó mirando al título de la propiedad en Queen’s Gate. Estaba hecho a nombre de Tessa, o algo parecido. No Tessa Gray, sin embargo, o incluso Tessa Herondale. Estaba hecho en nombre de Tessa Herondale Carstairs.

“Cuando hablé con Magnus en Idris, después de la Guerra Mortal," ella dijo, "me dijo que había soñado que eras curado. Ya sabes cómo es Magnus. A veces sus sueños se cumplen. Así que me permití tener esperanza por primera vez en mucho tiempo. Sabía que era poco probable, si no imposible. Sabía que podía ser en muchos años. Pero tú me pediste casarme contigo, una vez, hace mucho tiempo. Y en cierto modo, esta es nuestra noche de bodas. Una consumación muy retrasada." Ella le sonrió, mordiéndose el labio, claramente nerviosa. Los dedos de él jugaban con la manta que ella sostenía a su alrededor. "No debería haber tomado prestado tu nombre, tal vez, pero siempre he sentido en mi sangre que éramos familia."

"Tessa Herondale Carstairs," susurró él. "Nunca debiste preocuparte de pedir prestado mi nombre cuando tú sabes que podrías tener que conservarlo."

Él dejó que la hoja de papel se deslizara de su mano y llegó hacia ella. Ella se puso sobre su regazo y él la abrazó con fuerza, contra la sensación de ahogo en su garganta.
Ella nunca había renunciado a él. El se recordó diciéndole a Will una vez que él le había dado fe, cuando Will no tenía ninguna en sí mismo. Él siempre había esperado lo mejor para Will, incluso aunque Will no lo esperaba para sí mismo. Y Tessa había hecho éso por él. Hacía tiempo que había perdido la esperanza de una cura, pero ella —ella siempre había tenido esperanza.
"Mizpa, Tessa," susurró él. "En verdad, porque seguramente Dios estuvo mirando por nosotros mientras fuimos separados. Y estuvo mirando por nosotros mientras ambos fuimos separados de Will y nos trajo de vuelta el uno al otro.”

***

Ellos durmieron, acurrucados, en las ruinas del vestido de Tessa, y más tarde se trasladaron al sofá. Estaba bastante oscuro, y bebieron té e hicieron el amor de nuevo, esta vez más suave y lentamente hasta que Tessa estaba agarrando los hombros de Jem, rogándole que fuera más rápido.
"Dulcemente, no apasionado,” dijo él con una sonrisa divertida y puramente atormentada.
"¿Oh?" Ella bajo la mano e hizo algo para lo que él claramente no estaba preparado. Todo su cuerpo se tensó. Ella se rió mientras las manos de él arañaron de repente su cintura, sus dedos apretando. Su pelo oscuro se pegaba a sus ojos; su piel brillaba por el sudor. Anteriormente, ella había cerrado los ojos: esta vez lo observaba, el cambio en su expresión cuando su control se rompió, la forma de su boca mientras jadeaba su nombre.

“Tessa —”

Y esta vez, ella olvidó morderse la mano para amortiguar los sonidos que hacía. Oh, bueno. Al diablo con los vecinos. Ella había estado en silencio durante casi un siglo.

"Tal vez eso fue más rápido de lo que había previsto,” dijo él con una sonrisa, cuando yacían juntos después, acurrucados entre los cojines. "Pero entonces, me engañaste. Tú tiene más experiencia que yo.”

"Me gusta eso." Tessa le besó los dedos. "Voy a tener una gran cantidad de diversión enseñándote todo. No puedo esperar a que escuches música de rock and roll, Jem Carstairs. Y quiero verte utilizar un iPhone. Y una computadora. Y viajar en el metro. ¿Has estado en un avión? Quiero estar en un avión contigo.”

Jem seguía riendo. Su cabello era un terrible desastre, y sus ojos estaban oscuros y brillantes a la luz de la lámpara. Se veía como el chico que había sido, hace tantos años, pero diferente, también: se trataba de un Jem que Tessa apenas había empezado a conocer. Un joven, Jem saludable, no un chico moribundo o un Hermano Silencioso. Un Jem que podía amarla con toda su fuerza como ella lo amaría.

"Vamos a tomar un avión,” dijo él. "Tal vez a Los Angeles."

Ella sonrió. Ella sabía por qué tenían que estar allí.

"Tenemos tiempo para hacer todo,” dijo él, pasando uno de sus dedos por un lado de su cara. "Tenemos un por siempre."

No un por siempre, pensó Tessa. Tenían un largo, largo tiempo. Toda una vida. El tiempo de vida de él. Y ella lo iba a perder un día, como había perdido a Will, y su corazón se rompería, como se había roto antes. Y ella se compondría a sí misma y seguiría adelante, porque el recuerdo de haber tenido Jem sería mejor que nunca haberlo tenido en lo absoluto.

Ella era lo suficientemente sabia como para saber eso, ahora.

"Lo que dijiste antes," preguntó ella. "Eso de que Jace Herondale ama a Clarissa Fairchild más que nadie que has conocido, excepto alguien —nunca terminaste la frase. ¿Quién era?"

"Iba a decir tú y yo y Will," dijo él. "Pero —eso es más bien una cosa extraña de decir, ¿no?"

"No es extraño en lo absoluto." Ella se acurrucó contra su costado. "Es exactamente correcto. Desde siempre y para siempre, exactamente correcto.

Y Fin ;3;

¿No lo amaron? Fue tan hermoso, y triste...y hermoso. ¿Cual Fuego Celestial? James Carstairs señoras y señores, James Carstairs xD

Cassandra va a matarme si sigue haciendo esto, pero bueno, sigan pendientes de las novedades del blog y no olviden que tenemos los sorteos activos, 3 para ser precisos.

Nos seguimos leyendo x3

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